jueves 5 de noviembre de 2009

Besos y besos


Incluso antes de soltar el pelo de las pocas hierbas que les alumbran, ellos y ellas que tanto alteran su mundo, a brazada limpia, luchando por entender, llamando la atención por ser entendidos, los recién llegados a la primera juventud andan alborotados, como se les es propio e inevitable.
Naturalmente, que esta pletórica turbamulta de hormonas sobresaltadas, glándulas a punto de ebullición, gritos y risas a gogó, empujones, carreras, abrazos, promesas, secretos y granos imprudentes, acné vergonzante, entre ortodoncias que ciegan y gafas de diseño que molan, mochilas al hombro y cigarrillos al por mayor, botellones al relente, miradas, guiños, suspiros, complejos, miedos, retos, respingos, sueños de amor y sospechas de pasión,... naturalmente, que esta generación y todas las generaciones que se renuevan a sí mismas, una y otra vez, diluyéndose en el futuro que es su abismo por salvar, van y repiten, una y otra, idénticos comportamientos que señalan sus ansiedades.
Y a la mínima que se descuidan ya se enamoriscan, ellas y ellos, dejándose prendar por el muchacho de la clase que hocica en torno o la muchacha de la pandilla que voltea vitalidad, mientras se miran sin descanso, se abrazan sin recato y se besan y besan, hasta fundirse en un éxtasis que es imperecedero, al menos, mientras dura, y entretanto se miran y dan la mano, y no se separan, entre el resto de la marabunta que apabulla e incomoda, la pareja de mocosos enamorada y pendientes entre sí hasta la extenuación.
Conocida estampa, pues, que escandaliza y da envidia, como cuando nosotros fuimos también protagonistas de las alferecías que nos dieron la vida, entonces, ahora y siempre, mientras los besos se eternizaban, a falta de otras posibilidades, y vuelta a besarse, hasta el sin fin de quienes nos creímos en el álgido punto de la efervescencia, como ahora se creen, quienes creen haber descubierto el amor de su vida, beso tras beso, abrazo tras abrazo, restregón tras restregón, pasión desatada por el deseo y la inocencia de quienes creen que ya han acertado con lo que soñaban cuando no podían dormir.
Felices, pues, mientras están con el o la amada, entregados a la fe de no dejarse de mirar, enfebrecidos de juvenil pasión, mientras sufren la incertidumbre del día de mañana que no controlan, ellos que son los amos del mundo mientras están juntos, dependiendo de demasiadas cosas que no aceptan, aunque hayan de volver a diario a casa.
Amor desatado entre arrumacos al aire libre, en el patio del instituto, en la esquina, a la intemperie de corrientes, sobre el césped del parque, en el rincón disimulado de sus ardores inalcanzables, ahora que acaban de dejar la escuela y ya son mocerío que pide paso.

Logroño 3 – Noviembre – 2..009

Cómicos de la legua


Desde la distancia y la sombra de la sospecha , como me advirtieron y repitieron , al menos a una legua los cómicos que son gente de mal vivir .
Desde el asombro y la ternura , tras haberles acompañado en sus avatares y desventuras , en blanco y negro , desde la sesión continúa , el gallinero multitudinario o el cineclub de cierta pose , cerca de ellos para sentir sus penas y sus gozos , con el alma encendida , apenas , de tanta nostalgia que embarga el pasado y añora el futuro .
Desde hace tanto , viendo el empeño de todos los cómicos por desdoblarse en infinitos azares , mientras se conmovía mi ansiosa curiosidad por seguir soñando , de la mano de sus venturas o desgracias , como si pudiesen estar a mi alcance , por ejemplo , en cuanto saliese a la calle .
Desde siempre , forjando mi vida que era la suya multiplicada en mil historia tiernas , crueles , trágicas o cómicas , como si , precisamente , la existencia sólo acabara por ser , eso mismo , un atraco a las tres , incluso antes de ser lo que no parece que puede ser , atrapados en la cabina de lo imaginable , antes como ahora , que ya las señoritas pueden serlo o no , sin necesidad de disimular demasiado .
Desde el principio de los tiempos , cuando éstos eran grises , en blanco y negro , ateridos de frío y soledad , tras el motocarro de Plácido, entre el bullicio y el olvido de lo que fue cruel , hasta hoy , a pesar de que los bosques del lobo sigan aullando en el silencio de la desesperanza y la marginación , como ayer , como siempre , lejos de los tarambanas que crecieron señores y frágiles , hombres y mujeres , siendo cómicos de la legua solamente .
Desde la nostalgia del actor , de los actores que fueron nuestro tesoro y nuestro acerbo , ocupando cada rincón bullicioso , cuando no teníamos nada que soñar y ellos nos ayudaban , cómicos o dramáticos , como la vida misma que fueron forjando , de mentira o de verdad , cómo única , como insustituible , ellos que fueron ladrones y gente honrada , farsantes y rijosos , doctos y solemnes , felices y desgraciados , sabios y tontos de baba , como todos nosotros que les contemplábamos desde la butaca , desde la pasión de sentirse muy cerca de ellos .
Desde la pena de un cómico más que se ha ido , Jose Luis López Vázquez , eterno figurante de mis ensoñaciones junto a cada melodrama que engrandeció , haciendo , al cabo , que mi vida , si acaso , haya sido más liviana , más llevadera , sin duda .
Desde la gratitud hasta el reconocimiento .¡gracias!
Logroño 4 – Noviembre – 2.009

sábado 24 de octubre de 2009

Paisano y torero


Cierto runrún de altanera solvencia ponía pegas, estos pasados San Mateos, a la presencia de Diego Urdiales sustituyendo a un compañero que no podía comparecer. Por lo visto tres actuaciones eran demasiadas para nuestro artista torero, paisano y prudente, en la capital de su tierra, al que, por lo visto, ya se le había hecho “la gracia” con traerle para dos corridas, para la que abría feria, buen embolado, y para la corrida, a priori, que se presentaba más encastada y peligrosa, otro embolado.
Se conoce que los entendidos cabales y los aficionados de aplauso fácil y festivo talante ya habían tenido bastante, y casi se suponía que el bueno de Diego también debería verse más que reconocido, y por lo tanto satisfecho como para tener ganas de trirrepetir.
Así son las cosas en casa propia, por lo visto, y se regatea a quien se juega la vida, aunque sea con oficio, sitio, disposición y arte, como pocos, aunque además para enaltecer más el mérito haya que torear con una costilla rota, sufrir el regateo de contratos, dejarse medir con lupa y con soberbia o conmiseración, aunque demuestre tarde a tarde una entereza y una dignidad encomiables, desde su juncal prestancia y su inconmovible seriedad, con todos los sentidos, la muleta por delante, cruzándose, dando sitio al burel, templando..., y con, supongo, una monumental vocación que le hizo figura en el toreo de salón, allá en su Arnedo natal, soñador infatigable, maestro del toreo a pie, paso a paso, sudor y lágrimas calladas entre los suyos, sinsabores y derrotas anticipadas e injustas, tan sordas como caprichosas, resurgir fulgurante y medido, siempre medido, en cualquier caso grandioso cuando se cruzó con Molinito, incluso en su tierra cuando sus gestas parecen increíbles, por supuesto en el mundo de los despachos y la fotogenia, seguro, cuando las cornadas llegan al alma sin cortar la piel, cuando la torería se ha de mostrar en el ruedo, solo, como lo hace cada día que hace el paseíllo nuestro paisano Diego Urdiales.
Por eso mismo me alegro tanto de que “volviese a triunfar en Madrid”, y me duele tanto que “volviese a triunfar en Madrid”, dando una vuelta al ruedo en torero macho y maestro de luces, en artista y estoqueador de toros, en la primera plaza del mundo, dejando ese aroma de sapiencia y maestría, como si ese éxito pudiera abrirle más plazas, a pesar de que ese éxito no le vaya a servir para abrir más plazas ¿o sí?.
Demasiado dura y diaria la hazaña de este bravo y menudo “toreador” que ha de ganarse cada contrato, cada corrida de toros, como antaño, toro a toro, paseíllo a paseíllo, bajo la escrutadora mirada, aplausos o pitos de la única fiera del espectáculo, según Guerrita, el público soberano, bajo la gélida estrategia de los mandones en los despachos, tras los burladeros, en el callejón, jugándose cada tarde a cara o cruz el prestigio y el dinero que gana honradamente, la gloria y la fama, la memoria y el arte que quedarán incólumes, sin duda.
Pero insisto, este torero riojano tiene casta y raza para seguir en el empeño, a pesar de regateos y desplantes, en la cara del toro bravo, con las zapatillas clavadas en la arena y la ilusión multiplicada en cada actuación, arañando cada hebra de la sabia disciplina del torero a sangre y fuego, hasta que pueda encumbrarse como maestro indiscutible, como lo que casi ya es, incluso a pesar de tanto menudeo en el reconocimiento del gran torero que tiene La Rioja : Diego Urdiales

5 – Septiembre – 2.009

San Damián


Cuando yo era niño sólo era el padre Damián. Con el rostro de Javier Escrivá, pero entonces yo no sabía que un actor haría tan bien de padre Damián, que yo sólo veía la mirada limpia, las manos ofrecidas, su rostro rellenito al principio del film, su álgido sacrificio horadando su bella faz en una imagen afeada por unas llagas que marcaban su ejemplar existencia, allá en el confín del mundo, en la isla de Molokai, mientras yo abría mucho mi boquita infantil y aguantaba el parpadeo con pasión de acólito meritorio.
Año tras año, coincidiendo con las fiestas del colegio, nuestras impresionables almitas asistían a la exhibición de la película sobre la vida del padre Damián, en el cutre salón de actos del magno convento, en bancos corridos, un poco como ofrenda al insigne representante de Los Sagrados Corazones, titulares responsables de nuestra educación, por aquellos entonces, otro poco como enseñanza del camino duro que nos esperaba si queríamos ganarnos el favor de dios verdadero, aunque sólo fuera mientras asistíamos al despliegue de amor al prójimo, allá en Molokai, por ver si, en todo caso, algún mártir de nuevo cuño pudiera surgir de tan buen ejemplo y que desglosase su entrega y sacrificio para mayor, sin duda, honor y gloria de los sagrados corazones de Jesús y de María, entre tantos corazoncitos rubicundos algo inquietos por tanta calamidad y suprema entrega.
En esas andábamos, pues, cuando calzábamos zapatos gorila y desgastábamos pantalones cortos, a la vera de los frailes de blanco con sus corazones entrelazados de espinas, cuidándose de nuestra formación, mejor o peor, pero con entrega a la causa que representaba, seguramente, el padre Damián, o no, si el ejemplo del buen padre sólo quedaba en anécdota edificante.
Ahora, por lo visto, en fechas recientes y en el sacrosanto lugar de los santos nombramientos, el buen padre Damián, beato hasta hace nada, ha dado el salto en el escalafón y ya luce santidad entre los santos del cielo, y nunca mejor reiterado entre quienes tanto se dejaron la piel y la vida entre los más pobres.
El mismo Vicente Escrivá, supongo, es decir el padre Damián de la película, el venerable anciano de las llagas en el rostro, con su hábito blanco y su mirada limpia, ya puede interceder por nosotros, allá arriba sin mayores trámites que la piedad y la misericordia.
Es un alivio, y sobretodo un entrañable recordatorio de nuestros años mozos, como no, cuando soñábamos con cuanto nos emocionaba y las vidas ejemplares, de espada o de cruz, nos animaban a creer en el futuro, con nosotros de valientes protagonistas, emuladores de heroicidades que luego no tuvieron ocasión de plasmarse pero que, tanto nos estremecieron de pequeños, allí en el colegio de los Sagrados Corazones, apretados en el banco corrido, volviendo una y otra vez las desventuras ejemplares del padre Damián.
Hoy regreso a los recuerdos niños, buscando por encontrar la estampita del santo leproso, adalid de mis épocas juveniles, cuando callejeaba de Allende a Aquende y vuelta casa, con la mochila, entonces sólo era maleta de cartón cuero, llena de sueños imberbes e ingenuos, y el padre Damián era un bravo y animoso fraile que buscó el cielo allá por la Polinesia, por done debía encontrarse Molokai con sus leprosos.
Entonces no necesité que fuera santo para quererle y pedirle alguna que otra cosilla de currículum estudiantil, como hoy tampoco necesito de su recién estrenada santidad para mejorar mis recuerdos infantiles con la emotiva inocencia que tanto llenaron los buenos frailes de los Sagrados Corazones.
Logroño 13 – Octubre – 2.009

Herta Müler


Nueva y flamante premio Nobel de literatura. Desconocida rapsoda, novelista consagrada por sus pagos, luchadora, por lo visto, a favor de las libertades contra las dictaduras, escritora de largo recorrido entre los suyos, al menos hasta que ha saltado la sorpresa del merecido premio, supongo, ahora que todo lleva al empuje mediático para que se vuelva oro cuanto reluzca.
Un año más han quedado apeados del galardón tantos y tantos escritores consagrados, viejos campeones de la expresión y la retórica, como si el olvido del premio por excelencia hubiérase vuelto parte de la naturaleza de los más conocidos, incluso de los más leídos.
Y sin embargo nada empaña el reconocimiento al desconocido literato caído en gracia, de la poeta de culto, del narrador de minorías, del componedor de historias de su círculo íntimo y de pocos más, del escritor o la escritora que, día a día, se deja la vida en el empeño de escribir una línea más, como el aire que se respira tantas veces por minuto, como la esencia de su razón y la razón de su existencia, con su poema y su relato bajo el brazo, para enseñárselos al amigo, al colega, al reducido grupo de oyentes o lectores, en la inmensidad de su pueblo, en la inmediatez de su corta convocatoria, con toda la grandeza de su espíritu creador que no cesa como el rayo que rompe y rasga cuanto pueda ser nuevo y bello, frente a quien se emocione y rompa a sentir, junto al hombre y la mujer que fueron capaces de imaginar y plasmar aquello que es único, que es hermoso, que es emocionante cuando tiene un destinatario con nombre y apellidos, aunque sólo se tenga un destinatario, aunque sólo se haya quedado, al fin, en las entretelas de la inspiración maravillosa, en el rincón de la habitación de los secretos, frente a la máquina de escribir , el papel en blanco, o el autista ordenador, por un verso inolvidable, por un verso imprescindible, por un verso irrenunciable, por un verso... con dedicatoria.
Así que enhorabuena y felicidad para la autora distinguida, tan desconocida como, seguro, que merecedora de tal laurel si se cumple la pasión que se le supone en el arte de plasmar cuanto se siente, cuanto se desea, cuanto se necesita decir con el alma y la pluma, desde el rincón más hondo de su propia voluntad hecha artista de las letras, frente al olvido y la censura, contra la dictadura de los tiranos y la insolvencia de los miserables.
Por ello nos congratulamos de que en cualquier rincón del planeta haya un poeta, una escritora, un escritor, que entregue su vida al arte de la letra que nos muestre el mundo, la vida, la belleza apasionada, el sentimiento recóndito, la mirada imprescindible, el beso necesario, la crueldad, el amor, la denuncia, el testimonio, la metáfora nítida y luminosa, la retórica implacable, la exposición minuciosa, lo cotidiano, lo excepcional, aquello que nos rodea y nos toca, aquello que podremos imaginar, cuanto nos invite a soñar y a perseguir en el cielo de nuestras figuraciones, por ser quienes somos, más allá de lo que somos, menos de lo que pretendemos, mucho más de lo que intentamos.
Y al final de cada esfuerzo el hombre y la mujer que escriben... por todos nosotros, como lo hace, seguramente, Herta Müller, flamante premio Nobel de Literatura 2.009, humilde escribana de sus cuitas y nuestras necesidades,... en nombre de todos los escritores del mundo, consagrados o no.

Logroño 11 – Octubre – 2.009

domingo 4 de octubre de 2009

Tauromaquia o crimen


Ni siquiera me voy a defender, ni mucho menos tratar de justificar la fiesta de los toros, de la que me declaro, confeso y convicto, irredento aficionado a su lucimiento.
Seguro, pues, que ante la marea de civilizado empeño, supongo, en denigrar, en denostar, en impedir, en prohibir su manifestación, yo sólo puedo lamentarlo y reivindicar, una vez más, mi gusto por la fiesta de los toros, repito, con decidida convicción e indesmayable intención de gozar de ella mientras pueda, sin un ápice de mala conciencia, sin un ardite que echarme al coleto para intentar justificar lo que considero absolutamente decente.
Sólo, entonces, mi disposición a defender el buen gusto, así lo considero, a asistir a las corridas de toros, como parte muy aceptable de mi comportamiento humano y sensible. ¡Hasta hoy pudiéramos llegar! o al menos mi imbecilidad y supuesta falta de bonhomía para que yo dejara de reconocer el mérito y el arte de una excelente corrida de toros.
Tanto es así que, a menudo, me quedo con el espectáculo de un toro embistiendo a un torero, antes que con algunos otros que me puedan desairar más, sin duda, incluso hasta la emoción de sentir el cartel efímero de tan plástica composición.
Por eso mismo, y sin contradecir cualquier otro argumento, me subyuga mucho menos un desahucio implacable, una regulación de empleo trampuchera, un despido barato, una extorsión ideologizada, un tiro en la nuca, un bombardeo inteligente, un montón de daños colaterales hechos de tripas y miradas muertas, una decisión fanatizada y demoledora, una alusión y una barbaridad en nombre de cualquier dios, una torta a tiempo y a destiempo por el bien de la víctima, un encarecimiento apalabrado para evitar la deflación, una especulación inclemente y sustanciosa, un mal reparto de la riqueza hasta la obscenidad, un finiquito multimillonario, un finiquito rácano y muerto de hambre, una apología de la inquina y el rencor... una miríada interminable de muertos de asco y de hambruna , de muertos de pena y segregación, de muertos de olvido y bombazos limpios, muertos de envenenamiento lento y consciente, muertos de terror y radicalidad, muertos sin sentido, muertos evanescentes, muertos martirizados, muertos apaleados... que una buena tarde de toros, suspirando porque la faena llegue a plasmarse sobre la arena, mientras muere el toro y triunfa el torero,¡ojalá! y estalla la ovación inocente y límpida como una corriente de admiración y respeto, sin duda, por el toro y el torero que se entregan a la faena con o sin consentimiento, en todo caso con la naturalidad de su propia existencia abocada a su encuentro, al menos, para emocione a miles, a millones de espectadores.
Y ahora podrán o no prohibir las corridas de toros en un rincón de España, y yo seguiré proclamando que soy un entusiasta aficionado a las mismas, con mi autoestima en buen estado y sentido del respeto propio y ajeno en posición de revista.

Logroño 3 – Octubre – 2.009

lunes 21 de septiembre de 2009

El sueño


Me estaba dando la mano, después de tantas noches imaginándome de la mano, con ella, mientras paseábamos por las últimas callejas del pueblo, al atardecer, solos, sintiendo que estaba profundamente enamorado, ahora que podían mirarle a la cara, detenerme en sus ojos, en su boca húmeda, en su sonrisa atractiva, ahora que podría darle un beso, ahora que seguramente ella también estaría deseando darme un beso.

Seguimos un rato andando, transfigurados de amor, supongo, como tantas veces había soñado, después de tantos días y tantas noches tras ella, mi amor para siempre, igual que siempre, tan delicada, tan bella, tan maravillosa, de la mano conmigo, sonriendo, mientras me miraba de reojo y sabía que también era feliz.

Así hasta que me di la vuelta y, en un duermevela, algo desvelado, pude reconocer a la mujer que estaba durmiendo conmigo, sin embargo, no era quien me acababa de dar la mano, a la luz de la farola amarillenta, a la salida del pueblo que nos hizo coincidir aquel verano.

Quise recuperar el sueño, intenté dejar una mueca de felicidad en el recuerdo que iba desvaneciéndose a toda velocidad.

Aquello que pudo ser acababa de convertirse en realidad, hacía un instante, mientras dormía.