Con calculada machaconería, dando consistencia a la mampostería del edificio para que no se venga abajo, dale que dale, punto arriba o abajo, con visos de que aquí no haya escapatoria y el desánimo cunda.
Como un pasteleo inmundo y resignado, dándole a las gráficas de la intención de voto que no dicen nada, o demasiado, según interese justificar el poder abyecto, legítimo y rubricado por cualquier avalancha de votos.
Para que uno no sepa de donde le pueden venir las tortas y el caldo gordo, que sube y baja, cuando la marea ya ha anegado lo sagrado e intocable y nosotros seguimos atentos a las intenciones ¿de voto?, como si de una prospección se tratara que diera de comer caliente a los ingenieros del cambalache.
Cuando no es tan fácil equivocarse y se ve lo que se palpa y contagia, a diario, mientras seguimos expectantes a las nuevas intenciones de voto, dale que dale, como si sirvieran para otra cosa que contentar al que gobierna y desgobierna con mando en plaza.
Cuando el despropósito y la injusticia campan a sus anchas, con el aval de los votos sobre las promesas incumplidas, para poder seguir incumpliendo, a rajatabla el desmán, vuelta y vuelta del revés a las intenciones de voto que van marcado la salida sin salida, anestesiados de rabia y ganas de ser nosotros mismos, en la desesperación que invade y paraliza, en la reacción indignada por ser decentes, por ser libres, por no ser desposeídos, en nombre de no sé qué alud de votos, de los derechos del ser humano, por eso mismo, por ser humano, aquí y en la indigencia, aquí en la patria sagrada y en el estercolero de la indefensión, contra toda intención de voto bien argumentada que pretenda aniquilar nuestra rabia, incluso antes de habernos enfurecido.
Por nuestra propia dignidad, por ese mismo e indispensable aire fresco que nos permita reconocernos vivos, contra todas las intenciones de voto. . . que no son más que proyecciones interesadas del voto dominante en la vil argucia de quienes mandan, más allá de los estrictos derechos del ser humano, ciudadano y votante con todas las consecuencias para ser oído a cada minuto que considere ser escuchado.
Porque a diario expresamos nuestras intenciones desbordando el voto que se quedó olvidado al fondo de la urna, en la mentira despiadada de quien olvidó el voto tras haberlo contabilizado.
Torre del Mar 4 – mayo – 2.012
Cosiendo.
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